jueves, 17 de abril de 2008

Un tropezón es caída II

Definitivamente, tengo un problema personal con los parquets. O ellos lo tienen conmigo. Pero parece que va en serio. Parece que estoy destinada a sufrir altercados de toda clase, con pisos de ese estilo. O por ahí, en una de esas, fue culpa de mis botitas nuevas. Pero prefiero creer que un reciente encerado me provocó el incidente. Horario pico en mi trabajo. Decir seis de la tarde en el Departamento de Alumnos de la Universidad de Morón es decir popular de Boca Juniors a los quince del segundo tiempo de un superclásico en la Bombonera. Hablando mal y pronto, alumnos a cagarse. Ingreso yo muy campante al Departamento. Noto al dar el primer, que el piso de parquet se encuentra más resbaladizo que de costumbre, pero decido ignorar dicha particular situación. Dificultosamente, continúo caminando, tratando de hacer pie en las arenas movedizas del encerado parquet, cuando escucho desde uno de mis costados, a unos pocos metros, un ansioso “Lau!”. Y yo, atino a tornar mi cabeza hacia mi derecha para saludar a mi compañera, al tiempo que mi sistema nervioso central (el cual, cada tanto, se me rebela), olvida mandarle la orden a mis extremidades inferiores, quienes desconocieron dicha disposición y siguieron camino. Entonces, en el momento en que mi cerebro logra enviar la señal correspondiente a mis piernas y éstas frenan, ya es tarde. Esto, sumado a la pésima intención del parquet recientemente encerado, quien, cual mi peor enemigo, decide jugarme una muy mala pasada. Y digo “muy mala”, teniendo en cuenta que me encuentro en la popu de la Doce a los quince del segundo tiempo del superclásico, y unos veinticinco alumnos se convierten en testigos presenciales de mi tropezón y consiguiente caída. A no confundirse, que no llegué a depositar mi cuerpo en el odioso parquet, sino que sólo mi rodilla derecha lo conoció de cerca. Bien de cerca. O por lo menos, eso me expresa ahora, lastimada y dispuesta a convivir con un lindo moretón y huevito, que dolerá unos días… Repitiendo el procedimiento desarrollado en mi caída anterior, en cancha de Ferro, me levanto inmediatamente, acomodo al punto de la exageración mi cabello planchado, miro a mi alrededor para constatar la cantidad aproximada de alumnos que contienen la risa, sacudo nerviosamente las rodillas de mi lindo y súper cómodo pantalón del uniforme, saludo finalmente a mi compañera y prosigo mi camino.


Y yo que pensaba que caer estrepitosamente en una cancha, en la previa de un recital, era demasiado. Lamentablemente, no encontré a nadie a mano como para quejarme de tal situación. Igualmente, mejor, porque seguramente me dirían “Nena, si está sucio porque está sucio, si está limpito y encerado porque está limpito y encerado”. Puede que no haya nada que me venga bien. Pero que definitivamente el parquet tiene un problema personal conmigo, de eso, no cabe la menor duda.

1 comentario:

Orejas dijo...

Quizas es hora de que dejes de movilizarte por tus propios medios.
Tal vez, ese es el mensaje que el suelo que pisas intenta darte