martes, 29 de abril de 2008
"Esta vez... peleamos!"
martes, 22 de abril de 2008
Documentos, por favor...
jueves, 17 de abril de 2008
Un tropezón es caída II
Definitivamente, tengo un problema personal con los parquets. O ellos lo tienen conmigo. Pero parece que va en serio. Parece que estoy destinada a sufrir altercados de toda clase, con pisos de ese estilo. O por ahí, en una de esas, fue culpa de mis botitas nuevas. Pero prefiero creer que un reciente encerado me provocó el incidente. Horario pico en mi trabajo. Decir seis de la tarde en el Departamento de Alumnos de la Universidad de Morón es decir popular de Boca Juniors a los quince del segundo tiempo de un superclásico en la Bombonera. Hablando mal y pronto, alumnos a cagarse. Ingreso yo muy campante al Departamento. Noto al dar el primer, que el piso de parquet se encuentra más resbaladizo que de costumbre, pero decido ignorar dicha particular situación. Dificultosamente, continúo caminando, tratando de hacer pie en las arenas movedizas del encerado parquet, cuando escucho desde uno de mis costados, a unos pocos metros, un ansioso “Lau!”. Y yo, atino a tornar mi cabeza hacia mi derecha para saludar a mi compañera, al tiempo que mi sistema nervioso central (el cual, cada tanto, se me rebela), olvida mandarle la orden a mis extremidades inferiores, quienes desconocieron dicha disposición y siguieron camino. Entonces, en el momento en que mi cerebro logra enviar la señal correspondiente a mis piernas y éstas frenan, ya es tarde. Esto, sumado a la pésima intención del parquet recientemente encerado, quien, cual mi peor enemigo, decide jugarme una muy mala pasada. Y digo “muy mala”, teniendo en cuenta que me encuentro en la popu de la Doce a los quince del segundo tiempo del superclásico, y unos veinticinco alumnos se convierten en testigos presenciales de mi tropezón y consiguiente caída. A no confundirse, que no llegué a depositar mi cuerpo en el odioso parquet, sino que sólo mi rodilla derecha lo conoció de cerca. Bien de cerca. O por lo menos, eso me expresa ahora, lastimada y dispuesta a convivir con un lindo moretón y huevito, que dolerá unos días… Repitiendo el procedimiento desarrollado en mi caída anterior, en cancha de Ferro, me levanto inmediatamente, acomodo al punto de la exageración mi cabello planchado, miro a mi alrededor para constatar la cantidad aproximada de alumnos que contienen la risa, sacudo nerviosamente las rodillas de mi lindo y súper cómodo pantalón del uniforme, saludo finalmente a mi compañera y prosigo mi camino.
Y yo que pensaba que caer estrepitosamente en una cancha, en la previa de un recital, era demasiado. Lamentablemente, no encontré a nadie a mano como para quejarme de tal situación. Igualmente, mejor, porque seguramente me dirían “Nena, si está sucio porque está sucio, si está limpito y encerado porque está limpito y encerado”. Puede que no haya nada que me venga bien. Pero que definitivamente el parquet tiene un problema personal conmigo, de eso, no cabe la menor duda.
lunes, 7 de abril de 2008
Cambia, todo cambia
Meditaciones
martes, 1 de abril de 2008
El viaje
Mi traslado comenzó hace mucho tiempo, desde un pequeño pueblo, alejado de todo. Yo buscaba algo distinto; quería cambiar mi forma de vida. Deseaba conocer otra gente, otros lugares. Decidí, antes de empezar, que me quedaría a vivir en donde encontrara realmente mi paz interior y pudiera habitar en calma conmigo mismo.
Al principio, comencé corriendo. Pero luego de unos kilómetros mi correr se convirtió en un tranquilo caminar, ignorando mis grandes deseos de llegar al destino tan esperado y tan distante al mismo tiempo. Ese destino que, en realidad, era desconocido para mí.
Durante mi viaje, recorrí muchas ciudades del mundo. Muchas de ellas me parecieron bellísimas, otras no; pero en ninguna sentí muchas ganas de quedarme para siempre. También conocí muchas personas, muy distintas entre sí. Logré que algunas me aceptaran, viví junto a muchos seres, quienes me abrieron su corazón y pude ocupar un pequeño lugar en sus vidas. Fui muy feliz durante un largo tiempo. Iba de hogar en hogar, buscando nuevos amigos para poder compartir con ellos buenos momentos.
En una calurosa mañana, me desperté sobresaltado, al mismo tiempo que el alba despuntaba. Sentí en lo más profundo, que ese día sería realmente importante para mí. Luego me daría cuenta de que aquella corazonada era correcta: a partir de aquel día comenzaría a cambiar el rumbo de mi vida para siempre…
Una extraña intuición me obligó a escapar del hogar en el que había vivido durante los últimos meses. Fue difícil abandonar a esa familia, ya que había crecido en mí un gran cariño hacia aquellos niños. En el momento en que decidí partir, ellos dormían tranquilos.
Y así me encontraba yo, otra vez vagando por las calles, cruzando solitariamente los campos. Durante mucho tiempo, comí cualquier cosa que algún amable vendedor me quisiera regalar, sufría mucho el hambre y el frío. Pese a esto, no me sentía arrepentido de nada: mi resolución había sido dictada por la voz de mi conciencia. Y la de mi corazón.
En una soleada tarde, cuando caminaba sin sentido por un inmenso campo, descubrí con sorpresa que me encontraba en lo alto de una colina. Me asombró enormemente ver que se imponía frente a mí, un hermoso paisaje de primavera, que envolvía con aroma fresco y delicado a las aves morenas que volaban en la zona.
Rodeado de una agradable arboleda, pude de pronto contemplar la perfecta transparencia de un sereno lago a mi derecha.
La dulce brisa que reinaba en las tardes primaverales, ese día quebraba la armonía que mantenía el silencio y luego acariciaba suavemente mi rostro.
La enorme esfera dorada que descansaba tranquila en el horizonte, interrumpía imprevistamente el color turquesa claro del cielo, cubierto parcialmente de copos de algodón.
Las sedosas hierbas verdes que se encontraban debajo de mí, eran como un delgado colchón de plumas y estaban aún húmedas por la fría llovizna que había caído unos instantes antes...
Imprevistamente, me invadió una alocada idea: mis pensamientos se encontraban en blanco, excepto por una imagen que rondaba insistentemente alrededor de mí. Me imaginé viviendo en medio de aquella preciosa naturaleza, la que me había enamorado desde el primer momento en que la había contemplado. Y allí, por fin, me sentía completamente feliz.
Entonces, me di cuenta de que después de tanto tiempo, mi viaje había finalizado. Resolví con emoción, que a partir de ahí no recorrería más el mundo en busca del lugar perfecto en donde vivir: ya lo había encontrado, y me quedaría para siempre. Mi viaje no había sido en vano, ya que había obtenido lo que yo buscaba al iniciarlo, muchos años antes…
Viviré aquí y seré feliz hasta el día en que parta para siempre de este mundo.
Muchas cosas tengo para contar, lo sé. Es una lástima que nadie más que yo sepa de las tantas cosas que ocurrieron en mi vida. Pocos como yo, recorrieron el mundo entero, sólo para encontrar un lugar apropiado para vivir en paz. Pocos como yo conocieron tanta gente, tantos lugares. Es una lástima que sea yo únicamente un pobre perro manso que busque la felicidad, aferrándose a creer que su vida, ha valido la pena ser vivida.