Ayer me di cuenta de que últimamente me contento con boludeces.
Y no es que mi vida haya perdido sus iniciales aspiraciones de grandeza, sino que ha ganado en valoraciones ínfimas, básicas, que hacen a la esencia vital de una persona.
Ninguna gansada; esto es de verdad, esto me está fluyendo en este momento de mi interior, cual agua de manantial, cual líquido gástrico de esófago, cual lava encenizada de géiser...
Y esto viene a que ayer, al arribar al trabajo y dirigirme al sanitario a higienizarme las manos, como acostumbro luego de viajar en cualquier transporte público (lo que seguramente me ha salvado de varias enfermedades), descubrí con asombro y sorpresa que el jabón líquido era distinto del día anterior. Ya no era la típica baranda a jabón líquido de todo baño público. Ahora, era otro, más delicado, más fino, más exquisito...
No supe en forma inmediata en qué había cambiado. ¿Sería su textura, su trama?, ¿o simplemente su forma de deslizarse sobre mi piel?
Mmm, no, nada de eso: era su aroma. Ahora, el jabón desprendía un bello aroma a manzana verde, a manzana fresca, a manzana recién caida del árbol y con el punto justo de maduración. Qué ricura.
Con una sonrisa dibujada en mi rostro y mis manos limpitas y recogijándose con ese nuevo revestir que las cubría delicadamente de aroma frutal, salí del toilette. Una pelotudez, pero qué poca cosa es suficiente para dejarme contenta.
3 comentarios:
jaja buenisimo lalu!
y es verdad, la felicidad consiste en pequeñas boludeces que en conjunto toman forma
ahora mismo toy en el job, pero en 5 salgo para la facu ami, nos vemos alli!
te quiero!
En mi casa tengo jabón común y corriente por eso siempre tengo cara de culo y ando amargado por la vida
aaaaaaaaaaaaaaajajajaja!!! sos tan grosa.
sabelo que soy tu fan namber uan (?)
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