Ayer recordé un feliz episodio, por el que mi hermana debió sufrir, por mi culpa, una de las mayores vergüenzas (ajenas) de su vida. Esto ocurrió hace unos tres o cuatro años, en el marco del estreno cinematográfico de El Retorno del Rey. Como se acostumbra, los días previos al lanzamiento, una gran cantidad de publicidad inundó la pantalla chica, con algunos momentos de la peli. Uno de esos momentos, que luego se convertiría en objeto de esta anécdota, es cuando uno de los protagonistas (Aragorn, para los entendidos), dirige la última Batalla. Hete aquí que, la única parte que las publicidades televisivas esgrimían, era el momento en que el héroe gritaba a viva voz a todos sus luchadores montados a caballo y dispuestos a dar pelea, dándoles una especie de charla técnica y motivadora. Y ahí, Aragorn, como último empuje de exaltación, gritaba (aludiendo al idioma original): “This time, we fight!”, levantando su lanza al cielo y dando inicio a la cabalgata de los jinetes hacia el ojo de la pelea. Ahora bien, en las tantas veces que veía esa propaganda, previo al estreno de la película, yo acostumbraba a repetir al unísono con Aragorn, la frase “this time, we fight”, que no se por qué, me encantaba. Sería acaso el versito, la fonética, tenía algo que me obligaba a repetirla una y otra vez al verla en pantalla. Día del estreno nacional. Obviamente, mi hermana y yo, a la primera función. Buenas ubicaciones, ni muy lejos, ni muy cerca, todo perfecto, bien en el centro de las butacas, de manera de tener que molestar por lo menos a quince personas en el momento de concurrir al baño en el medio de la función (teniendo en cuenta las tres horas y media de largometraje y la inevitable gaseosa grande, ya sin gas y con el hielo derretido)… Momentos culminantes. La Batalla estaba a instantes de desatarse. Y Aragorn, comienza a gritar a sus soldados. Y recorre la hilera de jinetes armados y listos para el combate. Y Viggo Mortensen (quien encarna a este personaje) pronuncia el mejor libreto de su vida. Un monólogo de cinco minutos excelentemente caracterizado, con una seguridad, una rudeza y una semblanza digna de un Oscar al mejor actor. Y en el momento de cerrar su discurso de aliento a sus guerreros, grita el tan conocido por mí “this time, we fight!”. Y aquí viene el asunto: en aquel preciso momento, no sé por qué extraño motivo, olvidé repentinamente todo a mi alrededor. Olvidé las 200 personas que me acompañaban en la función, olvidé mis ganas de orinar, olvidé la Coca aguada que tenía en el apoyabrazos, olvidé finalmente que se trataba de una película, de algo que no era real, de algo que jamás había ocurrido. La adrenalina de mi cuerpo se multiplicó y fluyó por mis poros como nunca antes. Me sentí, de pronto, en el Campo Batalla, con lanza en mano, montada a mi caballo y a punto de dar mi propia vida contra los ejércitos del Mal. Y en el mismísimo momento en que Aragorn gritaba su frase, yo, en un instante de anarquía cerebral, vociferé a cuatro voces lo mismo que el actor. Sí: grité “This time we fight!”, alzando mi brazo al aire con el puño cerrado. Sí: lo hice en el cine, al tiempo que mínimo cien personas volteaban sus cabezas desconcertadamente, en busca de la autora de tan gran desubicación. Y al tiempo que lo hice, volví a la realidad. Acababa de gritar, cual si estuviera yo misma en la batalla, unas palabras en inglés. Y no solo eso: había levantado mi brazo al aire, con el puño cerrado. Claro, si la hacía, la hacía bien... Y mi hermana, testigo inmediato de dicha situación, pareció morir hundida en el mismo lodo en que yo me había enterrado. Derrotadas ambas, víctimas de la ceguera mental que el fanatismo por una película puede producir en una persona. El resto de la situación, no la recuerdo. Dicen que a los feos momentos, nuestras mentes los reprimen en el inconciente, y creo que eso ocurrió en mi cerebro. Igualmente, feo, lo que se dice feo momento, no fue. A lo sumo, un estado máximo de vergüenza propia y vergüenza ajena (en el caso de mi hermana)… Suerte que esa batalla la ganamos. Suerte que, con las fuerzas del Bien, logramos superar la maldad hasta entonces reinante en el mundo. Suerte que, finalmente, los Campos de Batalla esgrimieron nuestro nombre en su estandarte, y nuestro grito de gloria fue escuchado hasta en los más lejanos confines cinematográficos.
martes, 29 de abril de 2008
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1 comentario:
buen, vos yas sabes lo que opino sobre cómo redactas cada una de tus anecdotas... la verdad que por un momento me sentí en el cine, sentada por casualidad en la butaca de atras y tal ve asustandome de pensar que habia una guerrera en el cine.. suerte que hicnchabas por "el bien" jajaajaaa
Buen, yo del señor de los anillos no tengo la menor idea, pero me alegro que hayan ganado los de tu equipo y que te hayas puesto tan contenta jajaja!!!
sos una masa lalu, aguante la nada misma! saludos!!!
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