martes, 1 de abril de 2008

El viaje

De cuando jugaba a ser escritora...
Muy largo y cansador resultó el viaje hasta aquí, más de lo que yo había imaginado antes de emprenderlo, al huir de mi hogar y abandonar a las personas con quienes vivía.
Mi traslado comenzó hace mucho tiempo, desde un pequeño pueblo, alejado de todo. Yo buscaba algo distinto; quería cambiar mi forma de vida. Deseaba conocer otra gente, otros lugares. Decidí, antes de empezar, que me quedaría a vivir en donde encontrara realmente mi paz interior y pudiera habitar en calma conmigo mismo.
Al principio, comencé corriendo. Pero luego de unos kilómetros mi correr se convirtió en un tranquilo caminar, ignorando mis grandes deseos de llegar al destino tan esperado y tan distante al mismo tiempo. Ese destino que, en realidad, era desconocido para mí.
Durante mi viaje, recorrí muchas ciudades del mundo. Muchas de ellas me parecieron bellísimas, otras no; pero en ninguna sentí muchas ganas de quedarme para siempre. También conocí muchas personas, muy distintas entre sí. Logré que algunas me aceptaran, viví junto a muchos seres, quienes me abrieron su corazón y pude ocupar un pequeño lugar en sus vidas. Fui muy feliz durante un largo tiempo. Iba de hogar en hogar, buscando nuevos amigos para poder compartir con ellos buenos momentos.
En una calurosa mañana, me desperté sobresaltado, al mismo tiempo que el alba despuntaba. Sentí en lo más profundo, que ese día sería realmente importante para mí. Luego me daría cuenta de que aquella corazonada era correcta: a partir de aquel día comenzaría a cambiar el rumbo de mi vida para siempre…
Una extraña intuición me obligó a escapar del hogar en el que había vivido durante los últimos meses. Fue difícil abandonar a esa familia, ya que había crecido en mí un gran cariño hacia aquellos niños. En el momento en que decidí partir, ellos dormían tranquilos.
Y así me encontraba yo, otra vez vagando por las calles, cruzando solitariamente los campos. Durante mucho tiempo, comí cualquier cosa que algún amable vendedor me quisiera regalar, sufría mucho el hambre y el frío. Pese a esto, no me sentía arrepentido de nada: mi resolución había sido dictada por la voz de mi conciencia. Y la de mi corazón.
En una soleada tarde, cuando caminaba sin sentido por un inmenso campo, descubrí con sorpresa que me encontraba en lo alto de una colina. Me asombró enormemente ver que se imponía frente a mí, un hermoso paisaje de primavera, que envolvía con aroma fresco y delicado a las aves morenas que volaban en la zona.
Rodeado de una agradable arboleda, pude de pronto contemplar la perfecta transparencia de un sereno lago a mi derecha.
La dulce brisa que reinaba en las tardes primaverales, ese día quebraba la armonía que mantenía el silencio y luego acariciaba suavemente mi rostro.
La enorme esfera dorada que descansaba tranquila en el horizonte, interrumpía imprevistamente el color turquesa claro del cielo, cubierto parcialmente de copos de algodón.
Las sedosas hierbas verdes que se encontraban debajo de mí, eran como un delgado colchón de plumas y estaban aún húmedas por la fría llovizna que había caído unos instantes antes...
Imprevistamente, me invadió una alocada idea: mis pensamientos se encontraban en blanco, excepto por una imagen que rondaba insistentemente alrededor de mí. Me imaginé viviendo en medio de aquella preciosa naturaleza, la que me había enamorado desde el primer momento en que la había contemplado. Y allí, por fin, me sentía completamente feliz.
Entonces, me di cuenta de que después de tanto tiempo, mi viaje había finalizado. Resolví con emoción, que a partir de ahí no recorrería más el mundo en busca del lugar perfecto en donde vivir: ya lo había encontrado, y me quedaría para siempre. Mi viaje no había sido en vano, ya que había obtenido lo que yo buscaba al iniciarlo, muchos años antes…
Viviré aquí y seré feliz hasta el día en que parta para siempre de este mundo.
Muchas cosas tengo para contar, lo sé. Es una lástima que nadie más que yo sepa de las tantas cosas que ocurrieron en mi vida. Pocos como yo, recorrieron el mundo entero, sólo para encontrar un lugar apropiado para vivir en paz. Pocos como yo conocieron tanta gente, tantos lugares. Es una lástima que sea yo únicamente un pobre perro manso que busque la felicidad, aferrándose a creer que su vida, ha valido la pena ser vivida.
Ma. Laura - 2001

1 comentario:

Anónimo dijo...

oh siiiii..otro espacio para expresar mi (des)conformidad con la autora...igual se q lo vas a publicar..solamente por ser yo...jajaja..naa lali no te voy a decir q lei todo xq te mentiria..pero algunas cosas del blog las lei sabelo...segui escribiendo asi q algun dia seras escritora de cronica...jajaja..te quiero mucho LINDA


Juanito Laguna