Esto tiene que ver con esas situaciones que suelen darse luego de la ingesta progresiva y constante de alcohol. Digamos que no niego la presencia de dicha sustancia estimulante-alucinógena-depresiva en mi organismo, la que fue punto de partida en esta ocasión. Esta vez tuvo lugar en cierto boliche de Castelar City, muy de mi agrado. Era invierno. Bajón salir en invierno, debido a que… ¿dónde te metés la cartera, la camperita y la bufanda cuando ingresás al atiborrado lugar, cuya concurrencia excede ampliamente la capacidad permitida? No conozco a nadie que abone correspondientemente un guardarropa. Está bien, son cuatro o cinco pesos y te olvidás de tus bártulos. Pero, sin embargo, me niego a pagarlos. No sé, creo que es una cuestión moral. Me indigna pensar que, no sólo te cobran una botella el doble o triple de lo que se abona en cualquier supermercado oriental, sino que, aparte, te traen el maní húmedo o las papas fritas quemadas. Y ni hablar, de que pedís maní chino y te dicen “no, te lo debo”. Y encima de todo, te quieren sacar cinco pesos para amontonarte la ropa en un lugar que ni siquiera está a la vista de los consumidores. A mí, no me engañan. Tanto. La cuestión es que, con mis amigas, decidimos amontonar nosotras mismas nuestras pertenencias una sobre otra en una silla y quedarnos alrededor disfrutando al son de la música (?), con nuestros vasos llenos. Qué divertido. Luego de solicitarle por sms al DJ un compi de Gilda que nos vuelve locas, conozco a un muchacho bastante interesante. (De mi fugaz affair y posterior amistad con el DJ de aquel boliche, hablaré en otra ocasión). Con el interesante joven que acababa de conocer, me perdí por ahí y, estúpidamente, me alejé de mis pertenencias. Estúpidamente, porque no me di cuenta de que mis amigas habían hecho lo mismo respectivamente. Una manga de estúpidas. Y no hay nada peor que una pequeña barra de amigas estúpidas y encima, borrachas. Más estúpidas todavía. La cuestión es que, luego de ciertos arrumacos, me jacté de que aquella silla que había hecho las veces de guardarropa improvisado, contenía más o menos la mitad de las cosas que poseía al iniciar la noche. Todos mis sentidos volvieron al instante y, enojada con todos a mi alrededor, menos con mi ocasional compañero y mis estúpidas amigas, fui derecho a la silla con la sola idea de recuperar MIS cosas. Y parece que esa noche, los malhechores andaban con frío y pudieron acobijarse al resguardo de cuatro camperas bien abrigadas: las nuestras. Y ahí, todo lo malo que uno lleva reprimido, salta al exterior y te la agarrás con el primero que se te cruza. Y mi compañero ocasional, que trataba de calmarme… “Lauri, yo te la pago”. No! Qué pagármela, yo quiero la mía, acá te roban no sólo con la bebida… te roban hasta la dignidad, te roban la necesidad básica de vestimenta! Y ya no te importan los cuatro grados del exterior y el rocío que empieza a caer, porque estás tan re caliente con el mundo que te olvidás de todo. Mi primera reacción luego de inspeccionar los alrededores fue, obviamente fiel a mi estilo de que el que no llora no mama, dirigirme a la barra con la intención inicial de quejarme de algún modo. Y fui hacia allá. Y el pobre Franco (mi compañero) que me seguía, cual pequeño nene al Spider de los trencitos de la Costa. Llegué a la barra y, para mi sorpresa, no me topé con un experto y musculoso barman, sino con un flacuchín que no superaba los diecisiete. Y ahí, no sé por qué, me olvidé de la campera y mi enojo fue contra el empleado, a quien, luego de increparlo violenta y maleducadamente por su apariencia de corta edad, no tuve mejor idea que pedirle los documentos para constatar de que estuviera autorizado a vender alcohol. Sí, como lo leyeron: yo, una infeliz clienta borracha y recientemente víctima de un asalto a vaso armado, pidiéndole la “documentación correspondiente” al barman. “Dale flaco, que vos no tenés 18 ni en pedo, mostrame el dni”. Whaaaaat? Ante la negativa del acusado, mi campera volvió a mi afectada memoria y, olvidándome de mi altercado con él, le solicité amablemente el libro de quejas y sugerencias del lugar. Aaah? ¿Recién le estaba exigiendo atropelladamente los documentos y ahora le pido el libro de quejas porque me robaron la campera?... Y luego de la segunda negativa de quien para mí era un adolescente en pleno desarrollo pubertal, alguien me tocó el hombro. Y no era Franquito, sino el hombre que decía ser el dueño del lugar, quien me invitó a hacerme a un lado, al costado de la barra, donde me aclaró que la entidad no tenía libro de quejas y que no se hacían responsables por la eventual pérdida de objetos personales. ¿Pérdida? ¡Si fue una clara violación a la propiedad privada! ¿Y ahora a quién me iba a quejar, mierda? El mismísimo capo del lugar había venido hacia mí y me había coartado toda chance de reclamo… La cuestión es que, a esa altura de la noche, con la incipiente resaca que pedía permiso para entrar en situación, lo único que deseaba era encontrarme con mi cama. Y ahí, dejó de importarme la campera, la edad del barman, el compi de Gilda, todo. Pero quién me quita lo bailado. Pedirle el DNI al tipo de la barra sólo porque tiene dos granitos pubertales, marca un antes y un después en mi vida. Un abrigo, en una fría noche de invierno, no se le niega a nadie. Claro que yo no tuve ni oportunidad de negarlo. Eso sí, la siguiente vez que acudí al boliche, puse un pie en el lugar y el otro pie en la cola para el guardarropa.
sábado, 15 de marzo de 2008
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4 comentarios:
ajajajajaaja!!! como dice el dicho: donde llovió paró y cenizas quedan porque hubo fuego
o algo asi(?), la cosa es que ahora sos la socia vitalicia del guardarropa, como caiste en estas artimañas del capitalismo!
igual no la pasaste taaaaan mal esa noche, digo, por el chongo ;) eaa!!!!
bueno señorina exelente anecdota...
que se encuentre en perfecto orden.
un beso.
si. hola que tal
confieso ser una de las estupidas presentes, que tambien perdio su abrigo
lo gracioso es que afuera habia 10 grados. y yo estaba con musculosa!
jajaj lalu me re acuerdo lo del libro de quejas. y del puber al otro lado del mostrador
no hay derecho, che!
jaja tal cual lalu!
en mi getsemani, alma misionera, rendid a yaveh, el señor de la vida (en el medio de la noche, encendemos una luz), son para los bises jaja
te amo!
ea! lalus! recién descubro tu Blog, parece q estás aplicando lo aprendido con el sr. Maurín!...ahora tngo una duda q paso a explicarte: yo estaba dicha noche?....xq q pasa?..no lo recuerdo jejeje..no se si de ebria o de desmemoriada...(si ya se, de ebria no? jaja) Pero a su vez si mekit estaba, yo tb obvio!..y sobre todo si lo q se pedía era el compi de gilda!...esa fui yo!!!.....y lo que más me lo confirma es el hecho del maní chino...sisisi sres era yo!....definitivamente estaba jajajaja. Te amo ami!..no nos escraches más!!!!...ajja..muy buen blog!
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