En realidad, ahora estoy simulando que trabajo.
La pantalla de mi computadora da directamente a la visión de mi jefe, quien tiene su escritorio a unos cuatro metros del mío, en perpendicular. Es decir, si observara meticulosamente, vería que estoy tipeando en Word. Pero tranquilamente, podría estar redactando una carta formal o completando un formulario de presupuesto, que son algunas de mis aburridas tareas diarias.
Mi día viene tranquilísimo. Cada vez que suena alguno de los teléfonos de la oficina (que son tres, como para entretenerme), mi jefe dice “pero quién rompe las pelotas ahora”. Es que mucha gente acude a nosotros para solucionar sus problemas.
Y acá, como en todos lados, hay burocracia, papeles, facturas, legajos, docentes con problemas, alumnos con problemas, autoridades con problemas…
Pero también hay buena gente.
Eso es lo que me mantiene contenta.
Hoy ya fue otro día.
La pantalla de mi computadora da directamente a la visión de mi jefe, quien tiene su escritorio a unos cuatro metros del mío, en perpendicular. Es decir, si observara meticulosamente, vería que estoy tipeando en Word. Pero tranquilamente, podría estar redactando una carta formal o completando un formulario de presupuesto, que son algunas de mis aburridas tareas diarias.
Mi día viene tranquilísimo. Cada vez que suena alguno de los teléfonos de la oficina (que son tres, como para entretenerme), mi jefe dice “pero quién rompe las pelotas ahora”. Es que mucha gente acude a nosotros para solucionar sus problemas.
Y acá, como en todos lados, hay burocracia, papeles, facturas, legajos, docentes con problemas, alumnos con problemas, autoridades con problemas…
Pero también hay buena gente.
Eso es lo que me mantiene contenta.
Hoy ya fue otro día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario